Mentalidad · 3 min de lectura
Sé lo que tengo que hacer, pero no lo hago
Sabes que deberías hacer ejercicio, terminar ese proyecto, mandar ese mensaje, acostarte más temprano. No te falta información: podrías dar una clase sobre el tema. Y aun así, llega la noche y no lo hiciste.
Si te pasa, no es que seas floja o flojo, ni que te falte fuerza de voluntad. La psicología tiene un nombre para esto, la brecha entre intención y acción, y sabe bastante sobre cómo cerrarla.
La brecha entre intención y acción
Paschal Sheeran revisó decenas de estudios y encontró que la intención de hacer algo explica solo una parte de lo que la gente termina haciendo. Más o menos la mitad de quienes tienen la intención de actuar no lo hace. Es tan común que tiene nombre: «intention-behavior gap».
Esto significa que tu caso no es raro. Saber qué hacer, e incluso querer hacerlo, no es suficiente. Hace falta algo más que conecte la decisión con el momento concreto en que hay que actuar.
Fuente: Paschal Sheeran, «Intention-behavior relations» (2002).
No evitas la tarea: evitas lo que sientes
Timothy Pychyl y Fuschia Sirois estudiaron la procrastinación durante años y llegaron a una conclusión incómoda: casi nunca es un problema de organización. Es una forma de regular una emoción. La tarea te genera aburrimiento, miedo a hacerlo mal, inseguridad o confusión, y postergarla te da alivio inmediato.
El problema es que ese alivio dura minutos y la culpa dura días. Por eso, antes de buscar otra técnica de productividad, vale la pena preguntarte: ¿qué siento cuando pienso en hacerlo? Lo trabajamos a fondo en la guía para dejar de procrastinar.
Fuente: Sirois y Pychyl, «Procrastination and the priority of short-term mood regulation» (2013).
Cinco razones por las que no actúas (aunque sepas)
- La tarea es demasiado grande. «Hacer ejercicio» no es una acción; «ponerme los tenis» sí.
- No decidiste cuándo. «Esta semana» nunca llega. «Mañana a las 7, después del café» sí.
- Esperas tener ganas. La motivación suele llegar después de empezar, no antes. Lo explicamos en por qué consumes motivación pero no cambias.
- Quieres hacerlo perfecto. Si no puedes hacerlo bien, prefieres no hacerlo. El perfeccionismo es procrastinación con buena reputación.
- No es tuyo de verdad. A veces «lo que tengo que hacer» es lo que otros esperan. Sin un porqué propio, cuesta mucho más.
La herramienta con más evidencia: «si pasa X, haré Y»
Peter Gollwitzer propuso algo muy simple: en lugar de «quiero leer más», decides cuándo, dónde y cómo: «Cuando me acueste, antes de tomar el teléfono, leo dos páginas». Lo llamó intenciones de implementación.
Un metaanálisis de 94 estudios encontró que esta forma de planear tiene un efecto entre mediano y grande sobre cumplir metas. Funciona porque le quita a tu mente la decisión en el momento difícil: la situación dispara la acción.
Fuente: Gollwitzer y Sheeran, «Implementation intentions and goal achievement: a meta-analysis» (2006).
Hazlo ridículamente pequeño
BJ Fogg, de la Universidad de Stanford, explica que una conducta ocurre cuando coinciden tres cosas: motivación, capacidad y un detonante. Cuando la motivación es baja, que es casi siempre, la única forma de que pase es que la acción sea muy fácil.
Por eso el primer paso tiene que darte casi risa: abrir el documento, escribir una línea, ponerte la ropa de ejercicio. Si lo haces, ya rompiste la inercia. Lo que sigue suele salir solo. Si te cuesta sostenerlo, mira por qué no logras crear hábitos.
Fuente: BJ Fogg, «Tiny Habits» (2019).
Un método de 5 minutos para hoy
- Escribe la una cosa que sabes que tienes que hacer y no haces.
- Nombra lo que sientes al pensar en ella, en una palabra: miedo, aburrimiento, duda.
- Achícala hasta que el primer paso tome 2 minutos.
- Decide cuándo y dónde: «Hoy, a las ___, en ___, voy a ___».
- Piensa en el obstáculo más probable y escribe qué harás si aparece.
Fuente: Gollwitzer (intenciones de implementación); Gabriele Oettingen, WOOP; BJ Fogg, «Tiny Habits».
Cuando el problema no es la tarea
Si no actúas en nada, si todo te cuesta igual y llevas semanas así, puede que no sea procrastinación sino agotamiento o ánimo bajo. En ese caso no necesitas más disciplina: necesitas descanso y, si se prolonga, hablar con un profesional de la salud mental.
Si es algo puntual, empieza por cambiar una sola cosa. Cada vez que haces lo que dijiste que harías, por pequeño que sea, le enseñas a tu mente que eres alguien que cumple. Así se construye la disciplina personal.
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Probar SOI gratisPreguntas frecuentes
¿Por qué sé lo que tengo que hacer y no lo hago?
Porque saber y actuar dependen de cosas distintas. Muchas veces la tarea es demasiado grande, no decidiste cuándo hacerla o te genera una emoción incómoda que evitas posponiéndola.
¿Es flojera?
Casi nunca. La investigación sobre procrastinación muestra que suele ser una forma de evitar una emoción (miedo, aburrimiento, inseguridad), no falta de ganas o de carácter.
¿Qué es una intención de implementación?
Es un plan con la forma «cuando pase X, haré Y», que define cuándo, dónde y cómo vas a actuar. Es una de las técnicas con más evidencia para cumplir lo que te propones.